Carta de Amor

Carta de amor

Habitación blanca,
olor a vida,
y yo, tan cerca de vosotras,
y sin embargo,
no os puedo tocar.
Noche larga de invierno,
fría, oscura, llena de peligros.
El gélido viento maltrata mi cansado rostro.
El lobo aúlla quebrantando el silencio de la noche.
Tengo miedo hijas mías,
sé que estáis ahí,
no os veo pero os siento
y sin embargo,
no os puedo tocar.
Arrulladme hijas mías,
y liberadme del hielo,
os siento
y sin embargo,
no os puedo tocar.

Raúl García Yagüe

Torrelodones, 29 de Noviembre de 2007



sábado, 25 de abril de 2009

¡A patinar!


El otro día, no recuerdo bien el día por ser irrelevante, estaba en el parque que hay al lado del instituto haciendo los estiramientos de rigor posteriores a una de mis sesiones de footing. Recuerdo que el día invitaba a disfrutar de él, soleado, temperatura primaveral, alguna que otra ligera brisa que apenas movía las copas de los árboles y de pronto lo vi claro. Es de esas ocasiones en las que te das cuenta que lo que acabas de vivir te marca. Ese día vi algo que me marcó.

Apenas a unos metros de mi se encontraba una niña con su madre y ambas estaban patinando. Es fantástico, pensé, y es una idea estupenda. Pasaron por mi mente imágenes de nosotros cuatro patinando, tal y como lo hacían en ese momento la niña y su madre.

Tenía que poneme manos a la obra. Yo nunca he patinado, bueno miento, una vez sobre ruedas y un par de veces sobre hielo, por lo que pensé que para cuando las niñas tuvieran edad para patinar, lo mejor sería que yo ya supiera hacerlo.

Hoy he dado el primer paso para sonseguirlo, me he comprado nos patines y unas protecciones.

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